Día del Ingeniero Aeronáutico: una profesión que también piensa en satélites, drones e inteligencia artificial
Cada 21 de septiembre se conmemora en Argentina el Día del Ingeniero Aeronáutico, una fecha que recuerda al mayor e ingeniero aeronáutico Francisco de Arteaga, uno de los impulsores de la industria aeronáutica nacional. En Córdoba, la actividad tiene además un vínculo histórico con la formación universitaria y el desarrollo industrial.
Walter Castelló, ingeniero mecánico aeronáutico, magíster y doctor en Ciencias de la Ingeniería, profesor titular del área Estructuras Mecánicas y Aeronáuticas de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad Nacional de Córdoba y director de la Maestría en Ciencias de la Ingeniería con mención Aeroespacial, explica cómo evolucionó la profesión.
Mucho más que diseñar aviones
Según Castelló, la imagen más habitual del ingeniero aeronáutico es la de quien trabaja en una pista o diseña un avión, pero el campo profesional es mucho más amplio. Su tarea abarca desde la aerodinámica y el cálculo de estructuras hasta la certificación de componentes, el mantenimiento de flotas y la optimización de procesos.
El especialista destaca, además, el peso de la normativa y la certificación. Un avión no puede volar solamente porque funciona: detrás hay ensayos, simulaciones y documentación que deben garantizar su seguridad. Esa formación también explica la presencia de ingenieros aeronáuticos en áreas de calidad de procesos de industrias no aeronáuticas.
El trabajo se extiende además a la industria satelital y los drones, mientras que el mantenimiento predictivo permite anticipar fallas y reemplazar componentes antes de que provoquen inconvenientes.
El desafío de contaminar menos
Para Castelló, el principal desafío global es reducir el impacto ambiental de la aviación. En ese proceso aparecen alternativas como los combustibles sostenibles, el hidrógeno y la propulsión eléctrica o híbrida. El problema es que las baterías actuales todavía no ofrecen la densidad energética necesaria para vuelos comerciales largos.
En paralelo, nuevas tecnologías están modificando el trabajo cotidiano. Los gemelos digitales y la dinámica de fluidos computacional permiten simular piezas y sistemas antes de construir prototipos. La fabricación aditiva posibilita desarrollar componentes más complejos y livianos y, en determinados casos, reducir tiempos y costos.
También avanza la inteligencia artificial aplicada al mantenimiento. Sensores y sistemas de monitoreo generan grandes volúmenes de información sobre el desgaste de los componentes y la IA aparece como una herramienta para procesar esos datos y asistir las decisiones de los profesionales.
Córdoba y una industria con historia
Castelló considera que uno de los principales desafíos argentinos es sostener inversiones de largo plazo en un sector que necesita previsibilidad. Al mismo tiempo, destaca como oportunidad la capacidad técnica de los profesionales argentinos.
En Córdoba, señala, existe un ecosistema que combina industria, empresas y formación académica. FAdeA, las pymes metalmecánicas y tecnológicas y las instituciones universitarias conforman una red vinculada con la actividad aeronáutica y espacial.
Entre las oportunidades futuras menciona especialmente los drones industriales, con aplicaciones posibles en actividades como el agro, y el desarrollo de componentes satelitales.
Un nuevo perfil profesional
Las carreras vinculadas con la Ingeniería Aeronáutica incorporaron en los últimos años una mirada aeroespacial, aunque mantienen como base la matemática, la física, los materiales y la mecánica de fluidos.
Para los nuevos profesionales, Castelló considera fundamentales también la programación y el análisis de datos, especialmente el manejo de Python y herramientas de simulación. El inglés continúa siendo indispensable por el peso de la documentación técnica y la normativa internacional.
A eso se suman las llamadas habilidades blandas. El ingeniero actual debe trabajar con profesionales de distintas disciplinas, comunicar ideas complejas, negociar y liderar equipos.
Finalmente, destaca un cambio de perspectiva: ya no alcanza con diseñar un producto que funcione. El profesional debe pensar también cómo se fabrica, cuánto cuesta mantenerlo y qué ocurrirá con ese producto al terminar su vida útil.
